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¿Por qué me cuesta tanto confiar en Dios cuando pierdo el control?

Manos soltando un lápiz sobre un escritorio, reflexión sobre por qué me cuesta confiar en Dios y soltar el control.

Pero la vida real no cabe en un Excel. Cuando llega una crisis —un diagnóstico médico inesperado, una prueba de sangre alterada, el miedo a un despido laboral o los retos que enfrenta nuestra hija de once años en la escuela— las alertas se encienden. Es en esos momentos uno podría preguntarse por qué me cuesta confiar en Dios.

De dónde viene esta pregunta Como administrador de proyectos, mi día a día consiste en administrar variables, organizar cronogramas y anticipar riesgos. Por naturaleza (y por oficio), tiendo a tomar el control y no soltarlo para asegurar que las cosas salgan bien.

Cuando estamos atravesando una situación difícil, la mayoría de las personas a nuestro alrededor (e incluso nosotros mismos) decimos: «Tranquilo, sigue confiando en Dios, él lo hará». Aunque es una gran verdad, siento que se ha convertido en una muletilla automática. Decirlo es fácil, pero la confianza no funciona de los dientes para afuera; hay que interiorizarla. Implica que todo nuestro cuerpo y nuestro accionar entren en modo de «confianza absoluta», y soltar el volante es lo que más me cuesta.

Lo que sí dice el texto David escribió mientras huía por su vida. Salmo 56:3-4 dice:

3 Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza. 4 Alabo a Dios por lo que ha prometido. En Dios confío, ¿por qué habría de tener miedo? ¿Qué pueden hacerme unos simples mortales?

Hay una clave enorme ahí para entender un poco más sobre por qué me cuesta confiar en Dios: muchas veces creo que tener fe significa no sentir miedo. Pero el texto dice lo contrario. David dice: « Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza. ».

El miedo y la confianza pueden existir el mismo día y en la misma persona. El miedo es mi reacción humana natural ante lo que se sale de mis manos; la confianza es mi decisión consciente de dónde voy a poner ese miedo.

Lo que no sé, o lo que el texto no resuelve La Biblia no me promete que los resultados del laboratorio siempre van a salir perfectos a la primera, ni me asegura que nunca habrá recortes de personal en la empresa.

Dios no me entrega el cronograma detallado de lo que va a hacer, ni me explica paso a paso cómo va a resolver el problema. Su palabra no calma mi necesidad inmediata de tener certezas y garantías antes de dar el siguiente paso.

Aprendiendo sobre por qué me cuesta confiar en Dios

Con Natalia, mi esposa, lo hablamos mucho pensando en nuestra hija. Sabemos que a mayor edad, mayores serán los retos que deberá afrontar. Ante sus pruebas en la escuela, le recordamos que confíe, y oramos para que en medio del el temor de enfrentarse a una prueba Dios aumente su fe. Porque cuando atraviesas una tormenta pequeña hoy y decides depender de él, tu capacidad de soltar el control aumenta un tanto más para la situación de mañana.

Es que la fe y la confianza están ligadas y funcionan como un músculo que crece bajo resistencia.

Me permites darte un consejo:

Primero, miro lo que Cristo ya hizo. Si él fue capaz de sostener las cosas en el pasado, como la historia que nos enseña que Jesús decidió dormir mientras todo se hundía, sé perfectamente que puede sostener las crisis de hoy.

Segundo, estoy decidiendo intencionalmente poner esas situaciones que me quitan el sueño en sus manos. Renuncio a mi rol de administrador de todo, aceptando que lo que él decida es bueno, aunque mi cabeza tarde en entenderlo. A veces, soltar es el único camino para aprender a cómo mantener la paz cuando las cosas cambian de repente.

Algo pequeño, esta semana

La próxima vez que alguien te diga «confía en Dios» o te lo digas a ti mismo frente al espejo, haz una pausa. No lo dejes en una frase automática. Identifica qué es exactamente eso que te aterra soltar hoy, y entrégalo conscientemente en oración, aunque tus manos tiemblen al hacerlo.

Para hablarlo con alguien

Si a ti también te sucede que el control te gana y te preguntas por qué me cuesta confiar en Dios, lleva esto a tu mesa:

  • ¿En qué área de tu vida (trabajo, hijos, salud) te está costando más soltar el control?
  • ¿Qué es lo peor que crees que pasaría si decides dejar el resultado final en las manos de Dios?

Descargable

Si quieres profundizar un poco más en esto, preparé una hoja de reflexión de una página con Tres preguntas para identificar tus miedos. Te ayuda a evaluar qué áreas te está costando confiar en Dios.

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