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Cómo mantener la paz cuando el plan se cae a pedazos

Auditorio vacío y agenda borrosa, reflexión sobre cómo mantener la paz cuando todo cambia de forma inesperada.

Como coordinador de proyectos, vivo entre cronogramas que se rompen, imprevistos y cancelaciones. Pero hoy no quiero hablarte de la oficina. Quiero contarte de un sábado en el que tuve que descubrir en la práctica cómo mantener la paz cuando todo cambia en cuestión de minutos.

Mi esposa y yo servimos en nuestra iglesia cada quince días. El rol que me tocaba cubrir ese día era ser el coordinador del auditorio y recibir a las personas para que se sientan en casa. Ese sábado, el lugar estaba a poco de su capacidad máxima: recibimos a más de mil personas.

Todo iba según lo planeado hasta que, en medio de la marcha, hubo un cambio drástico en la dinámica del servicio. Era una situación nueva para mí y tuve que reaccionar rapidísimo, coordinando con el director de piso y el operativo mientras la gente seguía entrando.

Te confieso que sentí un nudo en el estómago. Me invadió el miedo a tomar decisiones equivocadas. En mi mente solo me repetía: «Estás acostumbrado a estos cambios en el trabajo, enfócate y resuelve uno por uno».

Terminamos cerrando un área de ingreso para redirigir a las personas por otro sector, y literalmente tuve que correr de extremo a extremo para estar justo para ingresar con mi compañera al escenario y entregar dos mesas.

La trampa de la paz basada en el control

Al final todo salió bien. Pero yo creía que tener paz significaba tener el evento bajo control, pero esa es una paz muy frágil. Si el plan funciona, estoy tranquilo; si el plan cambia, me desespero.

En Juan 14, Jesús dice a sus amigos que él les deja su paz, pero hace una aclaración clave: no es una paz como la que da el mundo. La paz del mundo depende de que no haya problemas. La paz de Jesús se sostiene en medio del viento.

Luego, en Filipenses 4, se nos invita a no llenarnos de ansiedad por nada, sino a presentarle a Dios lo que necesitamos. La promesa que sigue no es que el problema va a desaparecer, sino que la paz de Dios, que no siempre tiene lógica humana, cuidará nuestra mente y nuestro corazón.

Cómo mantener la paz cuando todo cambia

Los cambios siempre van a llegar. No importa cuánto nos preparemos, a veces nos preguntamos si es malo planificar según la biblia y querer tener todo bajo nuestro control, porque lo imprevisto siempre toca la puerta. La diferencia está en cómo absorbemos esos cambios.

Mantener la paz cuando todo cambia no depende de mi capacidad para correr más rápido, sino de recordar con quién estoy trabajando. Dios conoce cada situación que afrontamos. Él no nos abandona cuando el auditorio se llena y las directrices cambian.

El día que Jesús decidió dormir mientras todo se hundía, es un pasaje que me demuestra que él puede tener paz en medio de mi caos. En medio del nudo en el estómago, él está ahí para ayudarnos y decirnos: «Sigue, avanza, confío en ti».

Algo pequeño, esta semana

La próxima vez que un plan se te caiga —un viaje, un presupuesto o una reunión importante— y sientas ese nudo en el estómago, haz una pausa de cinco segundos antes de salir corriendo a resolverlo. Recuerda que Dios sigue ahí contigo.

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