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El día que Jesús decidió dormir mientras mi mundo se hundía

Vista desde adentro de una barca de madera golpeada por olas oscuras de noche, reflexión sobre por qué Jesús dormía en la tormenta.

Marcos 4:35-41 relata el momento exacto en el que los amigos de Jesús pensaron que a él ya no le importaba si vivían o morían.

Hace unos años, pasé por un problema digestivo severo que duró casi seis meses. Llegó a mi puerta sin avisar; yo no lo busqué, sencillamente apareció y se instaló en mi rutina. Dejé de estar tranquilo, la energía se iba al suelo y los días se volvieron lentos.

Cuando estás atrapado en una crisis de salud así y las semanas se acumulan sin mejoras, te das cuenta de que tienes una tormenta enfrente. Y cuando los meses avanzan y anhelas que la prueba termine sin ver ninguna respuesta, empiezas a preguntarte por qué Jesús dormía en la tormenta de tu propia vida.

El silencio de Dios se sentía exactamente como ese sueño profundo en la popa de una barca a punto de hundirse. Yo seguía remando, pero sentía que lo hacía solo. Era como gritar internamente la misma frase de los discípulos:¿No te importa que me ahogue?

La escena, en tu idioma (Ver Marcos 4:35-41)

Es de noche. Jesús acaba de terminar un día largo de enseñar a multitudes y les dice a sus amigos que crucen al otro lado del lago.

Él está agotado. Se va a la parte de atrás de la barca, pone la cabeza sobre un cojín y se duerme profundamente.

De repente, se levanta un viento furioso. Las olas empiezan a golpear la barca con tanta fuerza que el agua la está llenando rápido.

Los discípulos, muchos de ellos pescadores expertos, entran en pánico absoluto. Lo despiertan gritando:

—¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos ahogando?

Jesús se levanta, mira el viento y le dice al lago:

—¡Silencio! ¡Quédate quieto!

El viento se detiene de golpe y todo queda completamente en calma.

Luego se vuelve a sus amigos y les pregunta:

—¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no confían en mí?

Lo que el texto no dice

  • No dice cuánto tiempo pasaron los discípulos sacando agua con baldes y luchando contra el viento antes de darse por vencidos y decidir despertarlo.
  • No detalla la mirada de Jesús cuando les pregunta por su falta de confianza.
  • No cuenta si, una vez en tierra firme, los discípulos entendieron del todo por qué Jesús dormía en la tormenta mientras ellos perdían el control y aprendían a la fuerza qué hacer cuando me cuesta soltar el control a Dios.

Lo que me llama la atención sobre por qué Jesús dormía en la tormenta

El descanso no cancela su presencia Jesús dormía porque estaba agotado después de servir a la gente. Era profundamente humano. Pero además, sabía quién estaba al control. No se despertó alterado ni se contagió del pánico colectivo del grupo. Su paz no dependía de la ausencia de problemas o de tener un cielo despejado.

A veces, cuando las cosas van mal, pensamos que el silencio de Dios es abandono. Sentimos que si no interviene de inmediato es porque se olvidó de nosotros. Pero su descanso no cancelaba su presencia. Él seguía en la misma barca que ellos, compartiendo el mismo viaje.

El reclamo es bienvenido Me encanta que los discípulos no oraron con palabras religiosas y bonitas para pedir ayuda. Fueron directo al reclamo honesto y humano: «¿No te importa?».

Cuando duele, cuando hay enfermedad o cuando los planes se caen y nos preguntamos si es malo planificar según la biblia, Dios prefiere nuestra queja cruda antes que una piedad fingida. Él soporta nuestra desesperación sin ofenderse. No nos pide que disimulemos el miedo con frases de iglesia.

La voz que llega a su tiempo En mi proceso digestivo, remé contra el viento durante seis meses. Fui a médicos, probé de todo, y la respuesta parecía no llegar. Hasta que un jueves, asistí a un evento de mi comunidad de fe llamado «Semana de ayuno». El tema de esa noche era el Espíritu Santo.

Ahí, en medio de la reunión, después de medio año sin respuestas, escuché su dulce voz preguntando a mi corazón: «¿Quieres ser sano?».

No hubo luces ni truenos, solo esa pregunta. Con el pasar de los días, empecé a sentirme cada vez mejor. El viento se detuvo, los malestares estomacales desaparecieron por completo y mi cuerpo se calmó. Él tiene el poder de decir «silencio» en un segundo, aunque a veces permita que el viento sople un rato más, dejándonos el reto de confiar por qué Jesús dormía en la tormenta de nuestros peores días.

Algo pequeño, esta semana Si hoy sientes que tu barca se está llenando de agua y Dios guarda silencio, no disimules. Hazle una pregunta honesta. Dile a Dios exactamente qué es lo que te frustra, te duele o te da miedo perder. Él no se asusta con tus dudas ni te condena por tu reclamo.

Para hablarlo con alguien

  • ¿En qué área de tu vida sientes que estás remando solo contra el viento?
  • Cuando las cosas no salen como esperabas, ¿cuál es tu primera reacción hacia Dios?

Para leer más historias como esta, visita la sección [Jesús en tu idioma].

Sigue por aquí:

[A4: Marta tenía la casa lista; le faltaba otra cosa] (Próximamente)

[A2: Cuando la solución que Dios me da no encaja con mi orgullo]

[A3: ¿Planificar es no confiar en Dios?]

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