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Gozo, aun detrás de rejas

diciembre 28, 2025
Luz entrando en un espacio oscuro como símbolo del gozo cristiano en medio de la prueba.
Índice

    A veces creemos que el gozo depende de que todo esté bien

    Durante mucho tiempo pensé que el gozo era una consecuencia natural de que las cosas salieran como yo esperaba.

    Si tenia paz, había gozo, tenia estabilidad, había gozo, no tenía problemas, entonces podía respirar tranquilo.

    Pero la vida rara vez funciona así.

    Hay temporadas en las que uno hace lo correcto y aun así las cosas se complican. Momentos en los que obedecer a Dios no nos evita el cansancio, la injusticia o la sensación de estar atrapados en circunstancias que no elegimos.

    Y ahí es donde aparece la pregunta incómoda:
    ¿qué pasa con el gozo cuando la vida se siente como una cárcel?

    Pablo y Silas: cantando donde nadie canta

    La historia de Pablo y Silas en Hechos 16 siempre me confronta. No porque sea extraordinaria, sino porque es profundamente humana.

    Ellos no estaban en la cárcel por hacer algo malo. Estaban ahí por obedecer. Golpeados, encadenados, expuestos públicamente y encerrados en el lugar más oscuro del calabozo.

    Y, aun así, la Biblia dice:
    oraban y cantaban himnos a Dios.

    Siendo muy sincero, lo primero que pienso es:  Pablo y Silas no estaban negando la realidad ni tampoco estaban fingiendo que todo estaba bien. Estaban eligiendo una postura del corazón y eso me reta un montón.

    Y fue aquí que comprendí que el gozo del que habla la Escritura no es un sentimiento frágil, sino una forma de mirar la vida con los ojos fijos en Dios, incluso cuando las circunstancias no cambian, cuando no tenemos una respuesta de Dios.

    Este tipo de gozo solo lo aprendemos cuando decidimos vivir la fe en lo cotidiano, incluso cuando las circunstancias no cambian de inmediato.

    El gozo no es emoción, es dirección del corazón

    Yo muchas veces he confundido gozo con entusiasmo. Con ánimo. Con energía emocional.

    Pero el gozo bíblico es otra cosa.

    Es una decisión interior que nace de saber quién está sosteniendo mi vida, aunque yo no entienda lo que está pasando. Pablo y Silas no tenían garantías de que iban a salir libres. No sabían que vendría un terremoto.

    Lo único que tenían era a Dios.

    Y eso fue suficiente para orar.
    Para cantar.
    Para mantenerse firmes.

    Ese gozo no se fabrica. Tampoco se explica del todo.
    Se cultiva en la comunión con Dios, en la oración constante, en una relación viva que va formando el corazón con el tiempo.

    Los “de repente” que sacuden todo

    La historia da un giro inesperado. Un terremoto sacude la cárcel. Las puertas se abren. Las cadenas se sueltan. Todo cambia en cuestión de segundos.

    La vida también está llena de esos “de repente”.
    Un diagnóstico.
    Una pérdida.
    Una crisis económica.
    Una conversación que no esperábamos.

    Algunos terremotos nos liberan.
    Otros nos descolocan.

    Pero algo que me llama la atención es que el gozo de Pablo y Silas estaba ahí antes del terremoto. No apareció después. No dependía del milagro. Ya estaba presente en medio de la prisión.

    Eso me hace pensar cuántas veces que muchas veces yo he condicionado mi gozo a que Dios resuelva primero, cuando quizás Él quiere formar algo en mí antes de cambiar las circunstancias.

    Cuando el gozo se convierte en testimonio

    Aquí la historia se vuelve aún más profunda.

    Pablo y Silas pudieron haber huido. Las puertas estaban abiertas. Las cadenas sueltas. Nadie los habría juzgado por escapar.

    Pero se quedaron.

    Y esa decisión salvó una vida.

    El carcelero, aterrorizado, está a punto de quitarse la vida. Pablo lo detiene con una frase sencilla y poderosa:
    “¡No te hagas ningún daño! ¡Todos estamos aquí!”

    Ese momento revela algo importante:
    el gozo que Dios produce en nosotros nunca es solo para nosotros.

    La forma en que Pablo y Silas vivieron la prueba abrió la puerta para que alguien preguntara:
    “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?”

    El gozo en medio de la prueba se convirtió en una oportunidad de salvación para toda una familia.

    El gozo del Señor como fortaleza compartida

    Hay cárceles que no se ven, pero pesan igual.
    Pruebas que no siempre se van rápido.
    Procesos que duran más de lo que quisiéramos.

    Este pasaje me hace recordar que esas cárceles también tienen propósito. No porque Dios disfrute el dolor, sino porque pienso en que la actitud con la que atravesamos la prueba define lo que otros ven de Dios a través de nosotros.

    El gozo del Señor no solo nos fortalece a nosotros.
    Fortalece a quienes caminan cerca.
    A quienes observan en silencio.
    A quienes necesitan esperanza, pero aún no saben cómo pedirla.

    Sin máscaras: cuando el gozo se ve amenazado

    Si soy honesto, y en enverdad quiero ser muy honesto contigo, hay temporadas en las que las circunstancias por las que he pasado me han robado el gozo con facilidad. Momentos en los que reaccioné desde el temor, el enojo, frustración o el cansancio, en lugar de reaccionar desde la confianza.

    Últimamente me he estado preguntando:

    • ¿Qué cosas están dictando hoy mi estado interior?
    • ¿Qué circunstancias estoy dejando que tengan la última palabra?
    • ¿Dónde estoy buscando el gozo cuando me siento limitado?

    En honor a la verdad, no siempre tengo respuestas claras. Pero te voy a decir algo, volver a Dios, una y otra vez, reordena mi corazón.

    Una invitación que permanece

    Hoy después de algunas experiencias puedo decir con certeza que el gozo del que habla la Biblia no ignora el dolor, es un gozo que camina con Dios incluso detrás de rejas, confiando en que Él sigue obrando, aun cuando no lo vemos.

    Así que quizás hoy no haya un terremoto en tu vida o las puertas pueda que sigan cerradas pero permanecer con gozo detrás de rejas también es una forma de amar como Jesús en medio de la prueba

    Pero el gozo del Señor sigue estando disponible.
    No como una emoción pasajera, sino como una fortaleza silenciosa que nos sostiene y nos permite reflejar a Cristo, aun en medio de la prueba.

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