Saltar al contenido

Cuando quiero decidir por mi cuenta y Dios me pide volver

enero 10, 2026
Imagen simbólica de una persona caminando hacia el amanecer junto al mar, representando confiar y caminar en la voluntad de Dios aun cuando el camino no es claro.
Índice

    Hay momentos en los que no dejo de creer en Dios… pero sí empiezo a creer demasiado en mí.

    Sigo orando, continuo leyendo, permanezco sirviendo.

    Pero, en el fondo, ya tomé una decisión: hacer las cosas a mi manera.

    Jonás no dejó de ser profeta cuando huyó.
    Simplemente decidió que sabía mejor que Dios qué era justo y qué no.

    Y ahí empieza el conflicto.

    Cuando creo que mis planes son mejores

    Huir no siempre es rebeldía, a veces es orgullo

    Jonás recibió una instrucción clara: ir a Nínive.
    No era una misión cómoda. Tampoco justa, desde su perspectiva.

    Nínive era una ciudad conocida por su maldad.
    Y Jonás no quería ser parte de una historia donde Dios mostrara misericordia.

    Así que hizo algo muy humano: huyó.

    No porque no escuchó a Dios.
    Sino porque no estuvo de acuerdo con Él.

    Eso me confronta profundamente.

    Porque muchas veces no desobedezco por ignorancia, sino por orgullo, me gusta lo que Dios me pide y no encaja con mi lógica. Porque no me parece justo.

    El camino fácil rara vez es el correcto

    Jonás tomó un barco rumbo a Tarsis.
    El camino más lejano posible de la voluntad de Dios.

    Y al inicio, parecía funcionar.
    Hasta que llegó la tormenta.

    He aprendido que huir de la voluntad de Dios nunca nos deja intactos. A veces no afecta solo nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean.

    El dominio propio, no todo lo que parece una salida rápida es una decisión sabia; muchas veces es solo una huida disfrazada.

    Jonás sabía que la tormenta tenía nombre. Y aun así, decidió lanzarse al mar antes que volver.

    Cuando Dios me confronta sin soltarme

    El vientre del pez como espacio de pausa

    El libro de Jonás muestra con claridad cómo la voluntad de Dios permanece firme aun cuando nosotros luchamos con ella.

    El vientre del pez no fue castigo.
    Fue misericordia.

    Tres días y tres noches sin distracciones, sin control, sin planes propios.

    Un espacio incómodo, oscuro, silencioso.

    Ahí Jonás hizo algo que muchas veces evito: detenerse y reconocer que estaba desalineado.

    He tenido mis propios “vientres del pez”:
    momentos donde nada avanza, donde todo se detiene, donde Dios parece decirme: “Quedate aquí hasta que volvamos a hablar.”

    No son lugares agradables, pero sí formativos.

    Volver a obedecer con el corazón alineado

    Jonás salió del pez distinto.
    No perfecto, pero obediente.

    Fue a Nínive y proclamó el mensaje. No suavizó el llamado. No negoció la instrucción.

    Y algo inesperado ocurrió: el pueblo escuchó.

    Desde el rey hasta el último ciudadano, hubo arrepentimiento.

    Una sola obediencia cambió el rumbo de toda una ciudad.

    Ahí entendí algo clave: la voluntad de Dios no depende de mi entusiasmo, pero sí me invita a participar.

    He aprendido a caminar en esos procesos de fe, obedecer no siempre elimina mis dudas, pero sí alinea mis pasos.

    Cuando mi idea de justicia choca con la de Dios

    Lo que a mí me parece injusto

    Jonás obedeció…pero no celebró.

    Cuando Dios decidió no destruir Nínive, Jonás se enfureció.

    ¿Por qué?
    Porque Dios hizo exactamente lo que siempre hace: mostrar misericordia.

    Y ahí Jonás expone su lucha más profunda: sabía quién era Dios, pero no quería que actuara así.

    Eso me confronta más de lo que quisiera admitir.

    Porque también he sentido molestia cuando alguien recibe gracia que, según mi criterio, no merece.

    Confiar en una voluntad que no cambia

    Dios no cambió de parecer.
    Siempre quiso salvar a Nínive.

    Lo que cambió fue la actitud del pueblo.

    Y eso redefine todo.

    La voluntad de Dios no es caprichosa. Es constante, buena, amorosa. Aun cuando no la entiendo. Aun cuando me incomoda.

    Reflexionar sobre la fidelidad de Dios, confiar no significa comprenderlo todo, sino descansar en que Él sabe más que yo.

    Si hoy te sientes que estás peleando con la voluntad de Dios, no estás solo, también Jonás lo hizo, paso por eso y aun así Dios no lo descartó.

    🔍 Reto

    Todos tenemos ese lugar interno que evitamos mirar de frente.
    Esa decisión que sabemos que Dios nos ha estado señalando…
    pero que seguimos postergando porque soltarla duele, incomoda o da miedo.

    Regalate unos minutos en silencio.
    Nombrá eso que te cuesta entregar. Decíselo a Dios sin adornos.

    Pedile que, paso a paso, vuelva a alinear tu corazón con Su voluntad,
    aunque no sea la opción más fácil,
    aunque no la entiendas del todo.

    Porque Dios no cambia.
    Y Su voluntad sigue siendo buena,
    incluso cuando a mí todavía me cuesta verla así.

    Ajustes de cookies