
No sé si te ha pasado, pero hay momentos en los que uno siente que está haciendo todo “bien”… y aun así, nada cambia.Oras. Esperas. Confías. Y el silencio sigue ahí.
Recuerdo una temporada específica de mi vida en la que sentía que Dios me había prometido algo claro, pero el tiempo pasaba y lo único que parecía avanzar era la incertidumbre. Cada día me preguntaba si había entendido mal, si había escuchado mal, o si simplemente Dios se había olvidado.
Con el tiempo entendí algo importante: la fe no elimina la espera, pero sí le da sentido.
Y de eso quiero hablar hoy.
Fe que sostiene cuando no se ve nada
Hebreos 11 abre con una definición que muchos conocemos de memoria, pero que no siempre vivimos con el corazón:
“La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.”
Sabemos que la fe no es negar la realidad, yo diría que es confiar cuando la realidad todavía no refleja la eso que esto esperando, llamese promesa, milagro, etc.
La historia de Abraham, no es la de un héroe perfecto, sino un hombre que aprendió a caminar con Dios sin tener el mapa completo.
Una promesa que exige salir de lo conocido
El primer paso siempre es incómodo
Abraham recibe una orden que no viene con explicaciones detalladas:
salir, dejar, caminar… sin saber a dónde iba.
Eso siempre me confronta, porque yo suelo querer garantías antes de obedecer. Abraham obedeció primero y entendió después.
Hay decisiones que Dios nos pide tomar cuando todavía no tenemos todas las respuestas.
Cambios que implican soltar seguridad, comodidad o incluso personas.
La fe comienza ahí:
cuando damos el paso sin ver el resultado.
La espera también forma parte de la promesa
Cuando la promesa parece tardar demasiado
Dios le promete a Abraham una nación… pero pasan años.
Demasiados años.
La espera no fue pasiva. Fue formativa.
A veces creemos que si la promesa no se cumple rápido, entonces no era de Dios.
Pero muchas veces, la espera es el lugar donde Dios trabaja más profundamente.
He aprendido que:
- la fe se fortalece en el tiempo
- la ansiedad revela dónde estoy apoyando mi confianza
- y la espera saca a la luz lo que realmente creo de Dios
Esperar no es resignarse. Esperar con fe es aprender a descansar en Dios incluso cuando la respuesta aún no llega.
Fe que confía incluso cuando duele
Cuando Dios pide más de lo que entendemos
El momento más difícil llega cuando Abraham es probado de una forma impensable.
El mismo hijo que representaba la promesa… ahora debía ser entregado.
Este pasaje siempre me recuerda que la fe auténtica no se trata solo de recibir, sino también de confiar cuando entregar duele.
Abraham no tenía todas las respuestas, pero tenía algo claro:
Dios es fiel.
Y esa convicción lo sostuvo.
Mirar con ojos de fe cambia la perspectiva
Hay momentos en los que no vemos provisión, no vemos salida, no vemos respuesta.
Pero la fe nos invita a levantar la mirada.
Cuando Abraham levantó la vista, encontró lo que Dios ya había preparado.
La fe no crea milagros.
La fe nos permite reconocer lo que Dios ya está haciendo, aun cuando no lo entendemos del todo.
¿Qué hacemos mientras esperamos?
Aquí es donde el mensaje se vuelve práctico.
La fe no es pasiva.
Se vive en decisiones pequeñas, constantes y muchas veces silenciosas.
Esperar con fe implica:
- orar incluso cuando no hay emoción
- obedecer aun con dudas
- confiar sin controlar
- descansar sin resignarse
Un espacio para detenernos (actividad)
Ejercicio personal de fe en la espera
Tómate un momento y escribe lo siguiente:
- ¿En qué área de tu vida necesitas fe hoy?
(familia, trabajo, decisiones, salud, relaciones) - ¿Qué sí está en tus manos hacer mientras esperas?
(pedir consejo, ordenar hábitos, orar con constancia, soltar control) - ¿Qué promesa o verdad bíblica puede sostenerte en este tiempo?
No es para resolver todo hoy.
Es para caminar con intención.
Un reto para esta semana
Durante los próximos 7 días:
- Elige una sola área donde hoy estás esperando.
- Cada día, ora brevemente diciendo:
“Dios, confío en Ti incluso aquí.” - Evita buscar control. Practica descanso.
- Anota cualquier cambio en tu forma de pensar, no solo en las circunstancias.
La fe crece cuando se practica.
La fe no es ausencia de dudas.
Es la decisión diaria de confiar en el carácter de Dios.
Esperar no es perder el tiempo.
Esperar con fe es permitir que Dios haga su obra completa.
Y aunque hoy no veas todo claro, la promesa sigue en camino.