Saltar al contenido

Amar como Jesús: cuando cuidar a otros nace de haber sido amado primero

diciembre 28, 2025
Ovejas caminando juntas por un sendero en la naturaleza al amanecer, símbolo de cuidado, amor y acompañamiento en el camino de la fe
Índice

    Amar no siempre es tan sencillo como suena

    Durante mucho tiempo pensé que amar era simplemente una actitud bonita.
    Algo que uno debía sentir… o al menos intentar mostrar.

    Pero con el tiempo —y siendo honesto conmigo mismo— me di cuenta de que muchas veces sabía hablar del amor de Dios, pero me costaba vivirlo en lo cotidiano, especialmente con las personas que tenía más cerca.

    Personas reales.
    Con defectos.
    Con historias distintas a la mía.

    Fue leyendo de nuevo una historia conocida, pero nunca superficial, que algo empezó a ordenarse dentro de mí.

    Jesús, Pedro… y una pregunta que incomoda

    En Juan 21, Jesús se encuentra con Pedro después de todo lo ocurrido:
    la negación, la culpa, el silencio.

    Y en lugar de reprocharle, Jesús le hace una pregunta que va directo al corazón:

    “¿Me amas?”

    Jesús no le pregunta a Pedro si aprendió la lección.
    No le pregunta si ahora se siente digno.
    Le pregunta si lo ama.

    Y luego viene la respuesta que cambia todo:

    “Apacienta mis ovejas.”

    Ahí entendí algo importante:
    el amor que Jesús espera no se queda en palabras, se expresa en el cuidado de otros.

    Pedro había fallado.
    Había sido débil.
    Había negado a Jesús.

    Y aun así, Jesús lo vuelve a llamar.
    Lo restaura.
    Y le confía personas.

    El amor que nace de un encuentro real

    Hay un tipo de amor que no nace del esfuerzo humano.
    No nace de la simpatía.
    No nace de la obligación.

    Nace de un encuentro genuino con Dios.

    Cuando uno entiende —aunque sea un poco— que ha sido amado sin merecerlo, algo empieza a cambiar por dentro. Ya no se trata solo de sentimientos, sino de carácter. De conducta. De decisiones diarias.

    Pablo es un ejemplo claro de esto.
    Perseguidor primero.
    Llamado después.

    Un encuentro con Jesús fue suficiente para cambiar el rumbo completo de su vida.

    Y creo que algo parecido pasa con nosotros:
    cuando realmente entendemos que Dios nos amó primero, ya no podemos quedarnos iguales.

    Ese amor que no se queda en ideas bonitas, sino que se expresa cuando intentamos vivir la fe en lo cotidiano, incluso con nuestras limitaciones.

    Lo que se espera de nosotros (aunque no siempre sea fácil)

    Jesús dijo que seríamos reconocidos por nuestro amor y no por asistir a reuniones, ni por saber muchos versículos, tampoco por parecer espirituales.

    Sino por cómo amamos.

    Y ese amor no es teórico.
    Se vive en paciencia.
    En cuidado.
    En interés genuino por el otro.

    Amar como Jesús amó implica un cambio interno.
    No es automático.
    No siempre es cómodo.

    Pero es ahí donde empieza a manifestarse el fruto del Espíritu.

    Apacentar ovejas hoy

    Cuando Jesús le dice a Pedro que cuide de las ovejas, no está hablando de algo simbólico o abstracto.

    Está hablando de personas reales.
    Con cargas reales.
    Con procesos reales.

    Algunas todavía no conocen a Dios.
    Otras ya lo conocen, pero están cansadas, heridas o confundidas.

    Y aquí hay algo importante:
    no estamos llamados a hacerlo solos.

    El Espíritu Santo es quien nos acompaña, nos guía y nos recuerda que ese amor que damos no nace de nosotros, sino que ya fue depositado en nuestro corazón.

    Sin máscaras

    Esta enseñanza me confronta, porque me obliga a preguntarme:

    • ¿Estoy amando a otros desde el sacrificio de Cristo o desde mi comodidad?
    • ¿Hay personas a mi alrededor a las que he dejado de cuidar por egoísmo, cansancio o indiferencia?
    • ¿Estoy dispuesto a amar cuando no recibo nada a cambio?

    No siempre me gusta la respuesta.
    Pero sí sé que Dios sigue trabajando ahí.

    Una invitación personal

    Este mensaje no es para señalar.
    Es para volver al origen.

    Al amor que nos alcanzó primero.
    Al llamado a cuidar a otros, aun con nuestras imperfecciones.

    Si algo me queda claro es esto:
    amar como Jesús ama transforma tanto al que recibe, como al que decide amar.

    Ajustes de cookies